El Mimbre Despeinado

El sillón tiene algo que te pica. Cuando lo miras es un pelo de mimbre que se niega a volver a su sitio. No es rebeldía, es familia del plástico del sofá. El mimbre despeinado está fuera de lugar.

martes, octubre 09, 2007

Desde Rusia con Amor






Esta mañana me levanté con la noticia de un serial killer ruso de 33 años que mató a 49 personas en Moscú. Lo primero que pensé al ver el titular fue: tenía que ser ruso.
Mi roommate rusa sufría por amor a los 20 año. Alla había llegado de la Unión Soviética a los 10 años y vivió junto a toda su familia en un cuarto de unos amigos de los padres en el Bronx. Al año ya estaba en una de las mejores escuelas de Manhattan y sus padres se habían mudado al barrio judío- ruso del Bronx. Ahora çompartíamos un apartamento en un suburbio de Boston con dos gringas rubias. Mientras una de las rubias se volvió mi amiga, la rusa se volvió mi aliada.

Cuando el novio dejó a la rusa ella no salió de su cuarto por semanas excepto para ir a clase. El sufrimiento ruso hace que uno se cuestiones si esa gente es realmente blanca. La de Alla era una tristeza desvergonzada, como la de las herínas de novela mexicana. Sin embargo tenía una melancolía que le falta a la tristeza de las heroínas. Mientras el sufrimiento de las heroínas es un sufrimiento de víctima, el sufrimiento de Alla era uno de una persona que se piensa -o se sabe- culpable. Lo asumía y aceptaba. Aunque su maquillaje fuerte en los ojos para esos días siempre andaba corrido y no podía hablar sin llorar, nunca la escuché preguntándose por que a ella. Mientras yo estudiaba oia desde mi cuarto canciones rusas lentas y ochentosas. Cuando se asume el dolor se le busca soundtrack.
A mis 19 años la forma en que ella sufría me parecía una exageración. Desde entonces me he encontrado con más rusos, reales y en papel. No es una exageración, es que los rusos sufren diferente.

Adiós a la Super Mujer


"To Win a Knife Fight, You Must Be Willing to Be Stabbed"

Este año he creado un caparazón para lidiar con asuntos que no son nada fáciles. Es mas que un caparazón, es una concha gigante, hecha de acero inoxidable a prueba de terremotos, gritos, insultos y sobre todo mentiras.
Me meto en ella los lunes y no salgo hasta el sábado casi domingo para respirar aire fresquito que nunca está de más. El lunes en la madrugada me vuelvo a meter con el periódico de la semana para mantenerme entretenida. Mami lo llama mi síndrome de Super Mujer o Wonder Woman. La capacidad de creer que puedes contra todos y contra el mundo y salvar a los que necesitan de ti. El síndrome es peligroso porque consiste en creerte que jamás te caerás ante los demás, que debes ser perfecto y que tu deber sobre todo los demás, es cuidar a los tuyos. Dejas de cuidarte a ti, para cuidar al otro. Al cabo de varios meses bajo dicho síndrome empiezas a creer que los problemas que te rodean, no son solo tu responsabilidad, sino también tu culpa. Y por mas botas, gadgets y capa que te pongan en tu vestido ser una Wonder Woman puede ser un gran mojón. No hay otra forma de decirlo.




Mi nombre es Andrea Rompefuentes y me creo una super mujer.

Ser una WW (wonder woman) ha sido particularmente difícil para mi porque dudo de cuales son mis super poderes. Cuando me di cuenta de que no podía volar empecé a explorar la idea de poder congelar a todos lo que me rodean para que al frisarlos no me molestaran. No tuve mucha suerte tampoco con eso. Y aunque mama me lo diga y mis amigos confirmen de que en efecto soy una Wonder Woman la realidad es que aún no me lo creo mucho. Tal vez ahí es que radica mi debilidad. No creo que puedo combatir el mal y lo peor es que el enemigo lo sabe.
Los superhéroes como yo sufren de crisis de identidad cuando no tiene claro cuales son sus superpoderes. Estallan en irá, les dan arranques de celos, dudan de si mismos y se ahogan en un vaso de agua constantemente. Lloran por cualquier estímulo negativo y están supersensibles ante cualquier señalamiento que se les haga. No importa cuanto uno les diga de sus fortalezas, siempre dudan de ellas. Y a mi estos días me han quitado la magia para seguir siendo una super mujer. Renuncio.
Entre ustedes y yo mimbrosos, creo que es que me he cansado de serlo. Creo que 28 años es suficiente para probarle a otros lo que puedo hacer. Es hora de disfrutar de esas cosechas y alzar el vuelo. Quiero ser la chamaquita con el traje blanco en las manos de King Kong a la que recatan. No quiero ya rescatar a otros, que me recaten a mi. Me quitaré la capa de WW esta tarde como a las cinco. Que el látigo lo coja otro porque hay varios criminales por ahí a los que hay que callar.

viernes, octubre 05, 2007

De la construcción social del amor


“ a mi naranja favorita porque no te falta ningún cantito por completar”

Todavía recuerdo el día de la boda. Yo era un nena todavía pero entendía muy bien lo que estaba pasando. Una mujer y un hombre se unirían en matrimonio “whatever that means”. Yo solo fui dos años a una escuela católica y luego me cambiaron a una mucho mas liberal, así que desconozco los diez mandamientos, las cosas que dijo Cristo para que otros le hicieran caso y demás asuntos. Una vez me dieron una Bibia en la escuela y no pasé del Génesis porque me pareció absurdo todo eso de que Eva salió de la costilla de Adán.

Esa tarde la novia paseó con su traje de bizcochito por la iglesia causando las tradicionales lágrimas de todas sus primas. Cuando el sacerdote dijo “¿quién entrega a esta mujer?” comprendí que ella misma había cavado su propia tumba por no entregarse ella misma y no pedirle al novio que él también se entregara. Minutos mas tarde el cura se fue en un viaje de que el matrimonio era entre tres porque Dios estaba presente, que hay que rendirle cuentas a él, que si el hombre es la cabeza de la relación…bla bla, bla, bla. Mi favorita fue la última que pronunció: “de ahora en adelante dejarán de ser dos, para ser uno”. Ahí fue que perdí los estribos y nunca volví a ver las relaciones del mismo modo.

Para una niña cuyos padres se casaron cuando ella tenía once años nunca es fácil entender por qué yo también caí en la construcción social del amor. En casa siempre me enseñaron a que uno debe amarse a si mismo sobre todas las cosas, casarse si a uno le da la gana, y compartir tu vida con alguien si es que ese alguien aparece. Pero ahí estaba, señores un cura diciéndome a mis diez años que “el amor lo soporta todo, lo aguanta todo. Que el amor todo lo espera”. Gente, para hacer el cuento largo, corto solo les diré que como el resto de la humanidad la sociedad también me ayudó a construir una visión del amor, de cómo este amor se debe manifestar, de cómo se debe recibir y dar y lo mas importante, a idealizar el amor.

Escribo esta columna porque escojo destruir esa idea. Pensemos un poco en esto mimbrosos. ¿No fue hace tres años o cuatro que Ednita Nazario nos cantaba “tu sabes bien que sin ti no funcionaré…ay ay ay que será de mi, ay ay ay que va a ser de mi si tú me dejas aquí solita llorando por ti?”. Ednita cantaba y lloraba sola. Lo peor del asunto es que tenía a Draco de cómplice, pues fue él quien le escribió la canción y nos manifestó la idea de que uno se muere si ese alguien falta. Estamos saturados por estos mensajes ocultos constantemente. Pensamos que amar conlleva sufrir y si uno sufre, evidentemente sabe amar. Nos han enseñado que una relación es un negocio y que es mas adecuado que dos personas incompletas se unan para completarse mutuamente. Estamos años buscando esa media naranja y perdonen por sonar pesimista, pero ¿y si no la encontramos nunca? ¿Estaremos incompletos el resto de nuestra vidas?. Se dice que con cada “adiós” uno aprende pero ¿que exactamente es lo que uno aprende?

Me niego a que alguien se haga responsable de completarme o a pasar por la vida buscando mi “otra parte”. La parte que me falta, si es que en efecto me falta alguna, está en mi misma. Se trata de darme un empujoncito yo misma para acordarme y ver si la encuentro. Tal vez tengo suerte y es ella la me encuentra a mí.

Cuando lo chiquito se hace grande: part II




No hay palabras mimbrosos. Solo quería compartir esto con ustedes porque me encanta el soccer.

jueves, octubre 04, 2007

Del misterio que encierra el apartamento del hombre de la fresas

Ya lo dijo Tego Calderón “quiéreme como soy y a mi manera. Los mios me quieres por lo que soy, y algunos por los que tengo”. Palabras con luz Mimbrosos.

No sé porque tenía esa canción pegada en la cabeza mientras entré por primera vez a la casa de este individuo. Admito que mientras subía el elevador estaba completamente prejuiciada. Cerraba los ojos y me imaginaba quince Gatorades de todos los sabores en la nevera de su apartamento, 20 pares de tennis de jugar basket en el closet y al menos cinco gorras para combinar.
Abrió la puerta con la misma alegría de siempre, pero con su guille característico de todo galán de telenovela. Admito que siempre me ha fascinado eso de este individuo. Es cariñoso en cada frase que dice y en cada gesto que hace. Aplica en sus palabras un liviano tono de distanciamiento que te deja con miles de preguntas por hacer y peor aún, con ganas de más. Lo he visto en todo su apogeo. Pone la mano debajo de la espalda, tono suave al hablarte al oído pero con una sutil muestra total de desinterés. Es que el tipo es sabio!

Mi pana sabe como jugar el juego. Sabe el secreto femenino de que si un hombre demuestra mucho interés se revierte el esquema de poder entre los sexos opuestos. Si le quitan la bola de las manos, la chamaca se aburre y le da lo mismo salir con él o no. Él tiene SIEMPRE el control de la cancha, pertenece al equipo ganador y te hace pensar que en juegos de cocinita tú eres las que tienes el control del balón.

Se movía lento por su espacio dándome el recorrido. Por un momento me detuve en su cuarto a inspeccionar algunos perfumes ochentosos encima de su armario. Drakar y Samba llamaron mi atención. Los sujeté en mis manos y los olí pote por pote. Me sonreía desde el pasillo como sabiendo lo que estaba pensando. Ya se lo imaginan verdad? Mano en el marco de la puerta, recostado de su propio brazo, mahones puestos y camisa lay back que indicaba “estoy en casa, pero se que hay visita”, chanclas de goma “cool” en sus pies. Gorras en la paredes, libros, premios en los estantes y un increíble sentido de limpieza que invadía el apartamento del susodicho.

Estuve dos horas tratando de descubrir el misterio que encerraba ese espacio. Mi amigo y yo habíamos llegado a ese lugar, cervezas en mano, sumamente cómodos en el sofá de la sala y no nos queríamos ir de allí. Fui por un segundo a la cocina y abrí la nevera. Allí estaban mimbrosos, unas fresas enromes en una caja transparente deseando ser comidas. Traté de probar una, pero me indicó que estaban pasadas de tiempo. Traté de seguir mi estudio pero me intoxiqué esa noche con casi 8 cervezas y dos shots de una “crema de alba” que me sirvieron. Tranquilos mimbrosos!!!!! No me sucedió absolutamente nada. Llegué a mi casa tarde, pero sana y salva. Eso es lo bueno de mi compa, el tipo es un misterio, pero es todo un caballero.